Training for family physicians in the management of advanced disease and death

Batlle Santiago, M.ía.A.

Boletin de la Asociacion Medica de Puerto Rico 96(4): 195-206

2004


ISSN/ISBN: 0004-4849
PMID: 15803978
Document Number: 10248
Se presenta la investigación efectuada a fin de poner a prueba un nuevo currículo de Ciencias del Comportamiento para el Programa de Residencia de Medicina de Familia de Puerto Rico. Se llevó a cabo con un grupo de 8 residentes de primer nivel a modo de adiestramiento introductorio con seguimiento clínico en los dos niveles subsiguientes. El mismo resultó ser altamente efectivo y se ha implantado por espacio de 12 años en varios programas de residencia hasta el presente. Recibió el "Gabriel Smilkstein, M.D. Innovation in Clinical Teaching Award" del Hospital Hindsdale de Chicago en 1996. Nadie debe decirle a un paciente: 'Lo siento, ya no hay nada más que pueda hacer por usted'. El profesional de la salud al expresarse en esa forma lo hace creyendo que no existe "cura" para la condición del paciente, abandonándole en el momento de mayor necesidad de atención humana y guía donde precisamente se inicia el proceso de sanación y la resolución de los asuntos de vida. La persona y la familia al enfrentarse a la enfermedad avanzada y a la muerte están en una necesidad de mayor apoyo y facilitación de un proceso que requiere de calidad de vida ante la aproximación de esta última etapa del ciclo vital. Abandonarles en el momento en que más orientación necesitan, a expensas de mayor confusión mental y emocional, de dolor físico y moral constituye una negligencia. La gran mayoría de los médicos, enfermeras, trabajadores sociales y psicólogos que se expresan de tal forma, lo hacen al sentirse impotentes e incapacitados ante el proceso de la muerte. Estos han sido adiestrados en un enfoque bio-médico tradicional fundamentado en modelos simplistas de causa y efecto los cuales escinden los procesos mente-cuerpo desde una mentalidad cartesiana. Esto conduce a una visión sesgada de la complejidad humana la cual les paraliza ante la experiencia de la muerte. Las personas próximas a morir debido a una enfermedad en estadío avanzado deben ser asistidas al igual que a sus familiares. Excluir a la familia del proceso del tratamiento, contribuye al aislamiento de la persona y a sus parientes fomentando la ilusión de abandono. Esta alienación lleva al silencio y a la represión de las necesidades emocionales de los seres humanos bloqueando la comunicación y la posibilidad de compartir y de brindarse mutuo apoyo. Los puntos de vista de los investigadores en este campo varían, posiblemente debido a lo ideosincrático de cada proceso. Enfrentarse a la muerte en el contexto familiar promueve una visión saludable hacia el proceso. La muerte es parte integral de nuestra vida lo cual le da sentido a la existencia humana, establece un límite a nuestro tiempo vital, instándonos a llevar a cabo algo productivo con ese tiempo mientras sea nuestro para disfrutarlo. De todas las experiencias de la vida, la muerte propone los retos adaptativos más dolorosos para la familia como sistema y para cada miembro sobreviviente, con reverberaciones para todas las demás relaciones. Desde la perspectiva sistémica de la familia, la pérdida es vista como un proceso transaccional involucrando al difunto y sus sobrevivientes en una etapa de ciclo de vida compartida que reconoce tanto la finalidad como la continuidad de la vida. Para vivir plenamente al morir, hemos de aceptarnos totalmente incluyendo todos nuestros sentimientos, los que nos gustan y los que nos disgustan. Cada sentimiento es un maestro. Resulta importante recordar que el moribundo no es la única persona bajo estrés. Stedeford (1984) plantea un cuestionamiento importante: "¿Qué ocurre con los profesionales? Pueden enfrentarse a varias muertes consecutivas si trabajan en un hospicio u hospital o al menos varias muertes al año si son médicos generalistas o enfermeras de distrito? ¿Qué efecto puede tener esta exposición frecuente hacia la muerte en nosotros; cómo podemos manejarlo?" La muerte es el reto principal en la profesión médica al iniciarse el nuevo milenio. La crisis global y el estrés relacionado a enfermedades tales como el cáncer en estadío avanzado, las dolencias del corazón, los desórdenes de auto inmunidad e inmunodeficiencia, aceleran el deterioro de nuestros organismos en proporciones significativas. La calidad de vida durante el proceso de la muerte representa un reto que surge en la medida en que sea necesario desarrollar destrezas a fin de promover un proceso con dignidad en nuestros últimos momentos. Trabajar como adiestradora y supervisora en el área de ciencias del comportamiento humano en Programas de Residencia de Medicina de Familia ha constituído una experiencia enriquecedora de integración y crecimiento la cual suscitó la necesidad de articular destrezas prácticas para el manejo de la enfermedad en estadíos avanzados y la muerte en el contexto clínico. Aprender sobre las necesidades de los médicos, los pacientes y sus familiares llevó a promover una relación crea tiva y colaborativa donde la muerte se visualiza como una experiencia frecuente y común. Esto llevó al desarrollo de un nuevo currículo para el manejo de la enfermedad avanzada y la muerte. Este artículo presenta una descripción general del mismo y su implantación. Se incluyen observaciones sobre el proceso de aprendizaje a fin de promover la comprensión del lector y proveer ejemplos sobre su efectividad. Este adiestramiento es muy importante para todos los profesionales envueltos en el cuidado y al servicio de personas y familiares que atraviesan procesos de enfermedad avanzada, ya que provee un enfoque práctico para el desarrollo de destrezas clínicas y un espacio para desarrollar el cuidado compasivo, promoviendo a la par el crecimiento emocional de los mismos.

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